Castro Urdiales, ciudad rápida.

Hace treinta años nació el Movimiento Slow en Italia como un acto de indignación, de protesta ante la inauguración de un restaurante de la cadena Mc Donald’s, en la piazza di Espagna de Roma. A partir de ese momento el Movimiento Slow, simbolizado por el caracol, se extendió muy despacio por Italia y luego al resto del mundo predicando el control de las personas de su propio tiempo, promoviendo una vida lenta, una vida sana y tranquila, el apoyo a la gastronomía local y el respeto por la naturaleza. En este mismo periodo la cadena Mc Donald’s se ha extendido por todos los continentes de manera fulgurante generando altísimos beneficios para la multinacional y propagando su filosofía: comer rápido y comer barato. Es decir, comer mal.

En Castro se inaugura dentro de unos días un establecimiento de la cadena Mc Donald’s, el Mc Auto de la rotonda de Brazomar. Este tipo de establecimientos, los macautos, añaden a los hábitos de comer rápido la arriesgada decisión de no detenerse mientras se viaja, o la impagable contribución de ser el cliente el que acude al proveedor para llevarse sus hamburguesas a casa sin salir del coche, preparadas para comer. El nuevo McDonal’s se localiza en un lugar estratégico, muy visible y accesible a los vehículos motorizados, justamente a la entrada y salida del casco urbano, en el cruce de carreteras que dan acceso a la autovía A-8, a la carretera de Sámano, al centro urbano, a la playa, y a la N-634. Esa rotonda, ahora dominada por la imagen del Mc Donald’s, es probablemente el lugar que almacena mayor tensión en cuanto a tráfico se refiere de todo Castro Urdiales, y a nadie le ha parecido contraproducente que un Mc Donald’s justamente ahí, al pie de la rotonda, a pesar del riesgo y de las dificultades de tránsito. Mc Donald’s añade estrés en una zona ya estresada.

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Mc Donald’s llega a Castro con el distintivo de ser el primer Mc Auto de Cantabria un año y medio después de la inauguración del Burger King en el centro histórico de Castro Urdiales. Este establecimiento ocupa los bajos de uno de los edificios más sobresalientes y mejor ubicados del centro histórico de Castro Urdiales, la casa de Isidra del Cerro, frente al parque de la ciudad y a unos metros de la bahía de Castro Urdiales. Mc Donald’s perfectamente visible en la entrada de la ciudad, y Burger King en el mejor edificio del ensanche histórico. Las multinacionales de la “fast food” se ubican estratégicamente en el espacio urbano haciendo patente su opulencia. Castro Urdiales se convierte así en plataforma de las encarnizadas luchas de competencia entre las dos grandes multinacionales de la comida rápida (para muchos “comida basura”, o “comida chatarra”), desterrando cualquier posibilidad de acercarse al movimiento slow como ya han hecho las cercanas villas vizcaínas de Munguía, Lekeitio o Balmaseda.

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Nunca he comido en un Burger King, ni tampoco en un McDonald’s, a pesar de que mis hijos cuando eran pequeños a veces me lo reprochaban con resignación. Mantengo la convicción de que hay cosas en las que no debe cederse, y si, en cambio, resistir a la imponente acción del marketing en la que los niños son precisamente los más vulnerables. Al margen de la literatura negra que versa sobre la mala calidad de la comida que se expende en estos locales, siempre me han parecido de una estética gritona, muy incómodos para compartir un rato agradable con quien sea. La uniformidad y la mediocridad de sus menús me producen aburrimiento, y creo que las familias deberían estar mejor informadas de lo que se cocina en estos locales. Sé que, como casi siempre, navego a contracorriente, y es imposible detener una fiebre por consumir barato algo que a la gente le parece bueno. Hay que advertir que estamos muy condicionados por aquello que comemos, y si estuviéramos más informados, quizás aquello que nos parece bueno y barato resulte ser malo y caro… caro para la salud. Estas grandes cadenas norteamericanas invierten muchísimo dinero en campañas de marketing y publicidad para transmitir a sus consumidores que una hamburguesa Big Mac está deliciosa antes de comérsela, y sus productos están diseñados de tal manera que después de comérsela seguirá pensando que su hamburguesa Big Mac era efectivamente tan deliciosa como parecía en la imagen publicitaria, y así de buenos nos parecerán también el Big Chicken, o el monumental Double Whopper. Si Burger King dice que su carne procede 100% de carne de vacuno, no tenemos por qué sospechar lo contrario pues es lo que reza en su publicidad, y ello es garantía de certeza, y así lo creemos.

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Pero deberíamos pensar en lo que no se dice: las partes del vacuno que nutren la super hamburguesa, las condiciones de crianza de los pollos que componen sus famosos nuggets y ensaladas, y las condiciones de almacenamiento y conservación de sus carnes, vegetales y salsas. Unas buenas patatas fritas tienen dos ingredientes: patatas, aceite (y sal si se quiere). Las de Mc Donald’s tienen catorce ingredientes, entre ellos varios aceites de muy bajos costes modificados genéticamente, y aditivos para añadir sabor, además de conservantes que pueden ser muy nocivos para la salud, como por ejemplo el pirofosfato ácido de sodio, “una sal comestible fosfórica que evita la decoloración de los alimentos, como en las patatas crudas, y en este caso se utiliza para mantener el color de las patatas fritas más tiempo” (1). ¿Alguien puede decirme por qué Mc Donald’s necesita mantener el color de las patatas fritas más tiempo? Lo digo por si acaso: porque necesita hacernos creer que sus patatas fritas son realmente buenas.

La comida es uno de los principales momentos de la vida y debiera vivirse con tranquilidad. Presiento que Mc Donald’s y Burger Kings lo están llevando al terreno de la banalidad: comer cuanto antes para que los niños se pongan a jugar con el payaso, el regalo sorpresa, o los videojuegos. Todos los vicios de la mala educación que queremos evitar en el hogar en Mc Donald’s están permitidos. Observo muchas veces al pasar los comedores del Burger King bastante concurridos, sin duda nº 1 durante el último año en las preferencias de consumo de comida rápida para muchas pandillas de jóvenes, parejas y familias con niños pequeños. Auguro un éxito similar en el macauto de Mc Donald’s, ahora su competencia directa. Así que por mucho que me empeñe, la cultura del estrés y del malcomer se impone en mi ciudad que ya nunca será una ciudad lenta.

Juantxu Bazán, 9 de octubre de 2016.

(1). David Díaz Gil “La verdad sobre las patatas fritas de Mc Donad’s. Vitónica, abril de 2014: http://www.vitonica.com/alimentos/la-verdad-sobre-las-patatas-fritas-del-mcdonald-s

 

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2 comentarios

  1. ZaC

     /  17 octubre, 2016

    La velocidad a la que se decide comer es opcional. Tanto es válido la comida “slow” como la comida “fast”. Cada uno le dedica el tiempo a comer que estime conveniente. Lo que para algunos puede ser un momento de “relax” y “comunicación con la familia” a otros puede que les parezca un momento de “alimentarse” simplemente.

    Si toda la vida se ha disfrutado de un pueblo sin comida “fast” ya es hora que a los que no les apetece pagar 10€ por comer o no les gusta la comida “slow” tengan su alternativa.

    Siempre y cuando la gente sea consciente de lo que come y las calorías que aporta no veo nada de malo en que se sirva ese tipo de alimentos.
    Para ello Internet está lleno de reportajes y comparaciones que proporcionan información suficiente sobre los productos que Mc Donald o Burguer King ofrece. Si la gente sigue sin concienciarse es por que quiere.

    Un saludo!

    Responder
  2. Un saludo para tí ZaC.

    Efectivamente, elegir cómo come cada uno es (para quien pueda permitírselo) una opción. Y como tu bien dices es importante que la gente sea consciente de lo que come. Así pues conviene saber de qué está compuesto los productos que ofrece su menú. Vayamos a algo tan sencillo como las patatas. Estos son sus ingredientes:

    – Patatas. Parece ser, aunque yo no lo he comprobado, que lo que sirve Mc Donald’s puede ser concebido como patata, aunque no creo que sepamos cuál es su procedencia. No obstante, a esa “patata” Mc Donald’s necesita incorporar 13 ingredientes y aditivos. Veamos algunos:
    – Aceite vegetal para freír. Está compuesto a su vez por 7 ingredientes. Esto vuelve a ser inquietante ¿por qué nos están mezclando tantos aceites? Para abaratar el coste, pero a costa de bajar la calidad estrepitosamente.
    – Aceite de canola. Aceite genéticamente modificado que proviene de las semillas de colza. Algunos nutricionistas piensan que su abuso puede causar problemas para la salud.
    – Aceite de soja. También proveniente de cultivos transgénicos. No voy a entrar en el debate ahora de la conveniencia o no de consumir productos transgénicos, pero si diré que sus cultivos causan problemas medioambientales y sociales muy serios. El que usa Mc Donals es un aceite de soja hidrogenado perjudicial para personas con problemas cardiovasculares.
    – Aceite de cártamo. De peor calidad que el aceite de girasol. Se dice que si este aceite se calienta mucho se produce una alteración química que puede ser perjudicial para la salud. l
    – Dextrosa (Azucar). Aunque no es perjudicial para la salud, debería evitarse, sobre todo porque al calentarse podría suponer la formación de acrilamida, compuesto sobre el que se sospecha de su toxicidad. ¿Para qué se utiliza entonces? Para dar color y sabor a las patatas, algo que no necesitarían si fueran de buena calidad.
    – Ácido sodio pirofosfato. Sustituye a la sal común, pero se utiliza para mantener el color de las patatas fritas más tiempo.
    – Ácido cítrico: Se usa como conservante, anti-oxidante, acidulante y saborizante. No tiene por qué ser dañino para la salud.
    – Dimetilpolisiloxano (E-900). Derivado de la silicona que se utiliza como antiespumante. Sin riesgos para el organismo.
    – TBHQ. Antioxidante no natural derivado del petróleo, utilizado como conservante. Nada bueno, pero para poder tener efectos nocivos inmediatos habría que comerse cincuenta raciones de patatas fritas, o trescientas nuggets de pollo.

    Yo elijo patatas de Castro, o de Cantabria, fritas en aceite de oliva con un poco de sal.

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