CONTRA LA RIQUEZA QUE EMPOBRECE (o como intervenir sobre la riqueza para acabar con la pobreza)

Hace unos días hemos celebrado casi sin enterarnos EL DÍA MUNDIAL CONTRA LA POBREZA, acontecimiento que ha servido para salpicar nuestro pensamiento con cifras que año tras año nos aturden, y que nos enseñan que este mundo se sostiene sobre la base de la desigualdad social y económica, un mundo en el que el 20% de la población posee el 90% de la riqueza. Estos son algunos datos:

“Más de 1.000 millones de seres humanos viven con menos de un dolar al día”

“Cada día 30.000 niños menores de 5 años se mueren a causas de enfermedades que podrían evitarse”

“En el África Subsahariana, una de cada tres personas sufre hambre crónica”

No hace falta seguir. A la mayoría de la población le preocupa esta situación, y a muchos nos gustaría saber que se puede hacer para cambiar un mundo que permite tanta pobreza. Un mundo que se ha dotado de derechos universales  en los que se afirma que “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios (…)” (art. 25.1 de la declaración Universal de los Derechos Humanos).

Muchos pensamos que la pobreza es consecuencia de un sistema económico que permite que gran parte de la humanidad tenga muy poco para que otros tengan mucho. Pobreza frente a riqueza. Sin embargo, mientras la pobreza es universalmente repudiable, la riqueza sigue siendo uno de los valores más presentes en las aspiraciones de la humanidad. Nos acordamos del día internacional contra la pobreza pero en el calendario no habrá nunca día mundial contra la riqueza, ni siquiera un minuto. Por el contrario, el dinero es el más adorado de nuestro dioses. 

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En la Jornada Popular contra la Pobreza que se organizó el pasado 19 de octubre en la Plaza Porticada de Santander me quedé sorprendido al leer en un panfleto “ACTÚA CONTRA LA RIQUEZA QUE EMPOBRECE“, y  en el que se avisa de los riesgos de la riqueza desmedida. Pero más allá de las soflamas contra la riqueza lo que me interesa es cómo se puede actuar con decisiones políticas, con el convencimiento de que un mundo que soporta tanta pobreza no debe tolerar moralmente el exceso de acumulación de riqueza por unos pocos, y porque la solución de la pobreza pasa por otra forma de repartir la riqueza. “Actuemos”, dice el panfleto, “en favor de una economía al servicio del progreso humano, que ponga en el centro a las personas y al medio ambiente, al bien común, en pro de una sociedad más justa y solidaria”. Y termina: “Muy cerca de tí hay formas de luchar contra la pobreza, de actuar contra la riqueza que empobrece. Hay alternativas de crecimiento y de consumo que protegen el medio ambiente y que velan por los derechos de los trabajadores y trabajadoras. Hay medidas de justicia fiscal que poner en marcha. Y tenemos que exigir a nuestros gobernantes responsabilidad y compromisos políticos…”. Tengo que decir aquí que esta declaración va firmada por la Coordinadora Cántabra contra la Pobreza, entre otras asociaciones, y colabora el Ayuntamiento de Santander, gobernado por el P. P.  Ninguna sospecha, por tanto, de que tras este mensaje se escondan coaliciones antisistema.

Vuelvo con la riqueza. La revista”Forbes” publica anualmente el ranking de las mayores fortunas del mundo. Personas, o familias, que concentran tal cantidad de riqueza que resulta casi imposible de imaginar. Así, el mejicano Slim tiene una fortuna de 73.000 millones de dólares, lo que equivale al Producto Interior Bruto de paises como Siria (el nº 52 en lista mundial de PIB de 2012 según datos del Fondo Monetario Internacional). Vamos a ver como puedo decirlo sin que se me note el enfado. La familia Slim posee riqueza, patrimonio y bienes que equivalen a al suma del PIB de Mozambique, Mali, Liberia, Ruanda, República Centroafricana, Guinea, Eritrea, R. D. del Congo, y Malawi. Estos paises africanos están entre los más pobres del mundo, y entre todos suman 137 millones de habitantes.

http://es.classora.com/reports/x23204/ranking-de-las-personas-mas-ricas-del-mundo-segun-forbes

El segundo más rico, Bill Gates, atesora 67.000 millones de dólares; y el tercero, el español Amancio Ortega, 57.000 millones, y así continua la lista de las 25 mayores fortunas que completan un total de 819.800 millones de dólares. Si los más ricos decidieran juntarse y hacer una república, Ricolandia, esta ocuparía el lugar nº 20 entre los paises más ricos de mundo, según su PIB, es decir, por encima de paises como Polonia, Argentina, Arabia Saudí u Holanda. Una república inmensamente rica con tan solo 25 habitantes.

Bill Gates ha sido durante muchos años la persona más rica de la Tierra. Hace unos años decidió donar la tercera parte de su fortuna a una fundación que lleva su mismo nombre para paliar la pobreza y las desigualdades del mundo. Es decir, fue a la persona más rica del mundo a la que se le ocurrió lo que hay que hacer. Reducir su propia riqueza y dedicarla a paliar la pobreza ¿hay algo más sensato? Hay que seguir el camino de Gates. Ello le ha hecho seguramente más feliz, y desde luego mucho más útil a la humanidad. El problema es que a Bill Gates y a sus compañeros de “Forbes” les sigue sobrando mucho dinero, y que los grandes ricos no van a seguir el mismo camino del dueño de Microsoft. Es aquí, por tanto, donde se exige la intervención de la Política.

La intervención sobre la riqueza, o más estrictamente sobre las grandes fortunas, es un deber moral, pero tambiém una obligación social y política que tiene sustento en el derecho internacional y en los ordenamientos juríricos democráticos. Me refiero a lo que se ha venido en llamar la “función social de la propiedad”. Según recoge la doctrina jurídica (no solo la española) “la función social de la propiedad pretende armonizar los intereses del individuo frente a los intereses de la colectividad, imponiéndole al propietario la obligación de cumplir con la función social”. En España la función social de la propiedad está reconocida en el artículo 33.2 de la Constitución; su enunciado permite que las leyes modulen el derecho de propiedad privada en función de intereses sociales superiores. Por otro lado el art. 128 CE reconoce que “toda la riqueza del pais en sus distintas formas, y sea cual fuere su titularidad estará subordinada al interés general”. La legislación urbanisitca española, desde la ley del suelo de 1.956, obliga a los propietarios a ceder a la administración un parte del aprovechamiento en suelo urbano y urbanizable para zonas verdes y equipamientos públicos. Recientemente, sobre la base de lo que predica la Constitución, la Junta de Andalucía ha legislado hace unos meses sobre la función social de la vivienda permitiendo con ello la posibilidad de expropiar vivendas embargadas por los bancos. Cuando se quiere, se puede.

Con estas anotaciones, lo que quiero transmitir es que es posible legislar para superar la pobreza poniendo límite a las grandes fortunas. Este es el sentido de un titular tan llamativo: “CONTRA LA RIQUEZA QUE EMPOBRECE”. Léase bien, poner límite no quiere decir que vayamos a acabar con los ricos. Lo que quiero decir es que nadie tiene derecho a ser inmensamente rico mientras los ciudadanos empobrecen, pasan hambre, o pierden su empleo. La intervención sobre la riqueza tiene su justificación en su redistribución para cumplir con la satisfacción de las necesidades sociales, y la primera de todas ellas es resolver la pobreza extrema allí donde se dé, en España o en Mozambique.

Pensemos en España. Durante la crisis económica se ha constatado que las diferencias entre ricos y pobres se acrecientan. Los ricos son más ricos, y los pobres son más pobres. Es exigible por tanto que los ricos asuman algunas contribuciones en tiempos de penuria, y que el Estado ejerza su papel para redistribuir la riqueza con el fin de que toda la población pueda acceder a la protección social básica. Que los ricos no sean más ricos para que los pobres dejen de serlo.

J. B. (octubre de 2013)

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7 comentarios

  1. Fernando A.

     /  1 noviembre, 2013

    Es muy elocuente que en este listado de “ricachones”, el 1º y 3º hablen castellano y el 2º ingles y sea este precisamente el que ha movido ficha para donar un tercio de su riqueza en paliar algo la desigualdad en el mundo. Sera que los hispanos nos han educado como poseídos de la inmortalidad, pero al final entre los despojos humanos, resultan solo ser los mas ricos del cementerio, y son sus herederos los especuladores mas recalcitrantes para seguir dominando el poder económico mundial y la desigualdad.

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    • Vamos a suponer que el dinero da la felicidad (o que ayuda conseguirla). De acuerdo. Pero ¿Cuál es el umbral de felicidad que se puede conseguir con dinero? Es decir, habrá un momento en el que el aumento de riqueza no suponga añadir ni un miligramo de felicidad. Sin embargo, la lógica del capitalista es la acumulación hasta el infinito… pero eso es socialmente (e incluso antropológicamente) injusto además de inmoral. Hay que exigir un nuevo contrato social, el que se deriva de una sociedad que no puede soportar tanta desigualdad y tanta pobreza. Y en el nuevo contrato social nadie puede ser más rico de lo socialmente admisible. Esa cifra tiene que ser resultado de un pacto… y ya es hora de empezar a ponerlo sobre la mesa.

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  2. Muy buen artículo Juantxu. Muchas gracias.

    Para mi un punto importante de todo esto es en la educación. Creo importante que las futuras generaciones se eduquen de un forma mas solidaria. Como en los países del norte donde es normal adolescentes en escuelas secundarias se unan a grupos de apoyo que trabajan con departamentos de sanidad o salud y cuidan de gente mayor o discapacitados. ¿Porque creo esto importante? Porque es el primer paso a dar mas valor a las personas que al dinero.
    Como gente que seguimos la ecología política sabemos que lo mas difícil es que las personas se preocupen mas por sus vecinos, barrio, pueblo o entorno que de cambiar la televisión por una HD o cambiar el coche después de tenerlo cuatro años.
    Pero el primer paso es decirlo alto y claro tal como has hecho tú aquí. De nuevo ¡Gracias!

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    • Gracias a tí Alex. Efectivamente pienso cómo tú que en la educación está la clave. Pero hay que empezar a hablar de poner límite a la riqueza, hay que empezar de reformular un nuevo contrato social, y una de sus claúsulas es el límite de la riqueza. Hay que empezar a formularlo como objetivo político. Es intolerable que en esta crisis los ricos españoles, tan patriotas, sigan haciéndose cada vez más ricos.

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  3. Un amigo, desde Holanda, me deja un recado por e-mail, calificando como “desatino” este artículo en la medida de que doy a entender que Bill Gates es un ejemplo a seguir.
    No debe entenderse nada parecido. El ejemplo de Bill Gates me sirve para argumentar cual es el camino a seguir para que la Política se decida a intervenir sobre la riqueza, para que los Estados pongan límite a la riqueza.
    Este artículo no va sobre Bill Gates, persona que si ha alcanzado una fortuna tan inmensa no lo ha hecho solo a base de ingenio, y en su historial seguramente hay trampas, tiranía, especulación, y una explotación del hombre por el hombre que nos espantaría.
    Quizás, no haya acertado en el “tino”, y se entiendan cosas que no quiero dar a entender. Intentaré explicarme mejor en lo sucesivo.

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  4. Miguel Atanasio

     /  4 noviembre, 2013

    Creo que el error que nos impide encontrar la solución está en asumir el propio concepto de riqueza.como derecho a la apropiación excuyente de los recursos naturales. La riqueza así entendida hace funcionar y es imprescindible para el sistema económico vigente, de la misma forma que es necesaria la diferencia de niveles en dos depósitos de un líquiido para mover una turbina. Si repartimos la riqueza equitativamente la turbina económica se para. El verdadero problema está en el propio modelo y no lo veremos mientras no nos cuestionemos el modelo económico. Nada cambiaría si a Slim se le expropia la mitad de su fortuna. Con sus 40.000 millones restantes no tardaría en reproducir la fortuna expropiada simplemente reduciendo los salarios de sus trabajadores un poco por ciento, aumentando la productividad de los mismos o subiendo el precio de sus productos (es lo que están haciendo todos los Slims del mundo tras haberles expropiado por vía reivindicaciones salariales: restablecer la diferencia de niveles necesaria). ¿Cuánto pagaríamos los pobres (en horas de trabajo) por un vaso de agua cuando los Slims se apropien de todo el agua potable del planeta?.

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    • Efectivamente el problema radica en el modelo económico; pero discrepo en que “nada cambia si a Slim se le expropia la mitad de su fortuna”. Hay que pensar que muchas cosas pueden cambiar si se aplican medidas fiscales eficaces en la dirección de redistribuir la riqueza… y entre ellas hay que pensar en la limitación de la riqueza hasta límites socialmente asumibles. En el horizonte debe estar el cambio del modelo económico, energético, y todo lo demás… pero hay que dar pequeños pasos para el hombre que terminarán significando grandes saltos para la humanidad.

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